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El carnaval de Nueva York se celebra el primer lunes de septiembre. Feliz Labor Day.

Por Mariagrazia De Luca

deluca.marymary@gmail.com

Nos encontramos en el fin de semana del Labor Day, la Fiesta del Trabajo que los estadounidenses festejan cada primer lunes de septiembre desde 1882. Si la fiesta del Primero de mayo continúa siendo para muchos de nosotros el icono de la fiesta de los trabajadores, y la oportunidad de celebrar la dignidad del trabajo (también como una manera especial de recordar a las tantas víctimas del trabajo que siguen sufriendo aún hoy en todo el mundo), aquí en Nueva York entre los muchos de los eventos que suceden estos días, seguramente sobresale el que ha sido para muchos “the greatest show in the earth”, the New York City Caribbean Parade, conocido como el West Indian Day Parade.

Con seguridad es el evento más esperado por la comunidad caribeña de Brooklyn, que también es honrado por el artista hip hop Jay-Z en su canción “Empire State of Mind”, cuando canta: “Three dice Cee-lee, Three card Monte, Labor Day Parade, rest in pace Bob Marley”.

El punto de encuentro del West Indian Parade es el Brooklyn Museum (200 Eastern Pkwy). La salida está prevista para las 11 de la mañana, y el desfile atravesará el vecindario de Crown Hights con dirección al punto de llegada, Grand Army Plaza, donde hay un programa de “Gran Finale” hacia las 6 de la tarde. Claramente se puede decidir asistir al desfile en un punto del recorrido, sólo por algunas horas, informándose bien si hay cambios en los servicios del metro o del autobús, como sucede a menudo, debido a la gran cantidad de gente en el área de Brooklyn.

Más allá de lo que habría sido la experiencia de tomar parte del Carnaval caribeño de Brooklyn, el año pasado acepté la invitación de una amiga para unirme a ella y a su “boyfriend” jamaiquino al famoso desfile. Pensé sería también una oportunidad de oro para mostrarle a mi madre, que había venido a visitar Nueva York, un evento único, auténtico, más allá de las calles de Times Square tan llenas de turistas. Ciertamente, no estaba equivocada y más aún, la realidad de los hechos superó toda expectativa.

El West Indian Parade es una experiencia difícil de describir en palabras, más bien es necesario experimentarla de manera personal, dejándose transportar por la vitalidad irresistible de la gente del Caribe, que sabe con seguridad cómo divertirse al sonido de tambores e instrumentos musicales típicos.

Encontrarme junto a mi madre en el vértice de un ciclón sensacional de música salsa, calipso, reggae y soca a todo volumen en los altoparlantes, mientras mujeres y hombres por lo general con físicos bien esculpidos, mueven el cuerpo con una fuerza y armonía increíble – ¡ellos sí que tienen la música en la sangre!-, generalmente con vestidos muy coloridos, con grandes plumas que vibran en el aire mientras bailan como si no hubiera un mañana, parece habernos recordado que disfrutar con ligereza la vida en compañía de los otros es lo que a veces es suficiente para sentirnos felices.

En el desfile se ven al viento banderas de países caribeños como Jamaica, Haití, Trinidad, Barbados, etc. que comparten el uso del inglés y de la lengua creole. No recuerdo haber visto banderas dominicanas o cubanas. Por la calle hay mucha “Street food” caribeña, pero también perros calientes y hamburguesas.

La energía del Carnaval caribeño es abrumadora, casi podría decirse que intimidante. Tres millones de personas participan en esta gran fiesta, con una euforia caribeña unida a la explosiva de Crown Heights en Brookllyn. Si bien no he participado nunca en el carnaval brasileño, en el imaginario que siempre he cultivado del evento, creo que con las debidas diferencias (y claramente, todo redimensionado aquí en Nueva York), los trajes excéntricos, el deseo de bailar y sobre todo la vibrante energía del West Indian Carnival de Brooklyn, recuerdan de cerca lo que sucede en Río cada año en el mes de febrero.

Con esta fiesta caribeña de Crown Heights se termina de alguna manera el verano neoyorquino. Si el energético carnaval caribeño no está entre sus gustos, pueden optar por tantos otros eventos organizados con ocasión del Labor Day. Además de poder pasar el día entero en uno de los tantos parques neoyorquinos, Central Park en primer lugar, pero también los menos frecuentados a lo largo del río Hudson (Brooklyn Bridge Park en Brooklyn o Fort Tryon Park en Uptown sólo para citarles algunos), la playa neoyorquina de Coney Island con el parque de diversiones a dos pasos de la playa es también un buen destino para estos días de septiembre menos calurosos (y menos llenos de gente) si los comparamos a los de agosto y julio. Entre otros, los atardeceres septembrinos, próximos al otoño, generalmente regalan espectáculos de colores verdaderamente maravillosos.

Washington Square Park, en el Greenwich Village, en cambio puede ser un destino para quien le gusta lo artesanal, la fotografía, las esculturas y otras obras de artistas independientes, muchos de los cuales son estudiantes de la NYU, la cercana New York University, que exponen en la plaza sus obras.

Muchos neoyorquinos se encuentran fuera de la ciudad para el último fin de semana del verano, dejándonos a nosotros los visitantes y amantes de la Gran Manzana la posibilidad de hacerla nuestra, al menos por un día, en este Labor Day que despide de manera simbólica el verano, y que señala un nuevo período de preparación para el otoño.

 



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