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He aquí las fotos y la historia del desayuno en Tiffany

Cuando escuché la noticia de que Tiffany de la Quinta Avenida abriría un café en el cuarto piso me dije “Guau”. Inmediatamente después exclamé: “Ya era hora”. La ocasión para la apertura sería el lanzamiento de la línea de hogar, compuesta de tazas, platos, copas, manteles. Todo con el clásico azul de Tiffany.

Esperamos más de 50 años para que ese “desayuno en Tiffany” pudiera significar no sólo tomar el desayuno frente a la vitrina de Tiffany, como Audrey Hepburn, sino también tomarlo en el interior, entre joyas y brillantes. Y finalmente aquel momento había llegado.

Armado de paciencia llegué a las 9 de la mañana y encontré una pequeña fila de unas veinte personas delante de mí. Temía tener que esperar en la fila hasta que abrieran a las 10, pero pronto comprendí que todo sería más sencillo de lo previsto.

Apuntaron mi nombre en el iPad, me dieron un horario aproximado en el que debía volver y me prometieron enviarme un sms 15 minutos antes del ingreso. ¡Mejor así! Entonces, después de 5 minutos ya había dado mi nombre y me fui a dar un paseo por la Fifth Avenue. Mientras esperaba para dar mis datos, en esos diez minutos de fila, me ofrecieron también un fantástico chocolate caliente en el vaso de cartón de Tiffany. No estaba mal. Volví a las 11:45.

Al llegar mi turno, atravesé la gran sala de joyas preciosas en la planta baja y me quedé encantado al ver la belleza de los árboles de Navidad. Estamos casi en Navidad, me dije. Me dirigí al cuarto piso. Entre a los ascensores, que se llenan de personas que buscan el piso de la platería y el empleado que maneja los botones nos llevó hacia arriba.

Llegado al ingreso del café, me llamó la atención la colección dedicada al hogar, muy bella. Debo admitir que el poder de sugestión que tiene el azul Tiffany es increíble: poseer una taza o un vaso puede parecer una tontería (una taza es una taza, qué importa si es Tiffany), pero ese color y esa marca la vuelven mágica. A tal punto que gasté 90 dólares en dos tazas para café americano Tiffany. Pero quería tener un recuerdo de mi desayuno y eso me parecía justo.

El bar era exactamente como me lo esperaba. Será que había visto algunas fotos en internet, o será que yo también lo habría decorado así. Todo en tonalidad azul Tiffany, desde las sillas hasta las tazas, en las paredes, en los cojines y los sillones. Desde un cierto punto de vista, podía parecer excesiva toda esa monocromía, pero pienso que la opción fue bien pensada.

Es como entrar en un cuento de hadas y todo en aquel cuento debe ser perfecto. Aquel color tiene un poder magnético y es el acelerador gravitacional perfecto para hacerte entrar en la dimensión onírica, donde no sabes si tus percepciones son sueño o realidad.

 

También tuve suerte. Me tocó el lugar junto a la ventana, desde donde podría ver en la lejanía las puntas del Hotel Plaza, y de cerca el edificio fantástico de Bedford Goodman, un centro comercial de alta clase. También es inútil decir que los colores otoñales del Central Park contribuyeron mucho a la dimensión fantástica en la que me encontraba.

En perfecto estilo Tiffany, los meseros lucían una corbata azul. También este pequeño detalle me pareció en concordancia con aquella voluntad de hacer sublime la experiencia. Porque de esto se trata al fin de cuentas: no vienes aquí porque tienes hambre, o porque el chef tiene un talento exagerado. Vienes aquí porque también quieres tu rebanada de sueño Tiffany al alcance de tu mano, coleccionar memorias para el futuro, además de un número increíble de fotos para compartir en las redes sociales.

Una de las cosas deliciosas de Tiffany es su Té, que de hecho ordené sin pensarlo un segundo. Y me gustó que estuviera expuesto en algunos estantes en las paredes, casi para dar centralidad a la bebida que siempre ha estado asociada a la clase y a la elegancia.

El cuidado de los detalles me pareció el arma ganadora para seducir al cliente. Y, de hecho, nada se deja al azar, el azúcar se encuentra en una azucarera muy elegante con los colores Tiffany y lo mismo puede decirse de los dispensadores de sal y pimienta. Todos los objetos que usé pueden comprarse en el cuarto piso, a precios obviamente altos, pero en línea con el pricing de Tiffany, que nunca ha sido económico. Además, se trata de una marca que distingue las ocasiones especiales.

Debo admitir que el momento en el que me serví el Té me regaló una alegría superior a aquella que me causó la llegada de la comida. No sé cómo explicarlo (o tal vez sí), pero en ese preciso instante me di cuenta de que estaba tomando el famoso desayuno en Tiffany y que muchos después de mí harían lo mismo.

Luego llegó el momento de la comida.  Aquí debo hacer una precisión. No me esperaba nada en especial y, de hecho, la comida no me sorprendió positivamente. Cuando ordené un avocado toast, me esperaba algo diferente. Una tostada de aguacate tiene por lo general, un impacto visual muy fuerte, que despierta la fantasía. Es una tostada con cuerpo, invitante, que no te suelta y que quiere terminar en la boca. En este caso, me llegaron cuatro pequeñas tostaditas un poco decepcionantes, en el sentido que eran pequeñas y no tenían una gran cantidad de aguacate. Y con respecto al waffle, he comido mejores, mientras que el pequeño croissant servido en un platito fue un inicio placentero, en línea con las expectativas.

Aquí estoy yo feliz con mi desayuno en Tiffany. Para la ocasión, había comprado una sudadera de American Eagle que hiciera juego con el local (y luego también con mis ojos. A partir de ahora, cuando me pregunten de qué color son mis ojos, contestaré que son azul Tiffany). La sudadera la compré no porque sea un loco obsesionado de Tiffany, como pensarían aquellos que me vieron en el local. Simplemente sabía que debía hacer el video y tomar las fotos para publicar en las redes sociales y quise crear un cierto tipo de complemento visual en el que el azul Tiffany termina por extenderse a todas las cosas, incluyéndome a mí.

La llegada de la torta fue fantástica. Sobre todo, porque es una torta que se nota, que roba la mirada, que cuando llega obliga a todos los que se encuentran en la sala a voltearse, como en una reverencia hacia la reina que entra en escena con elegancia.

Imposible no permanecer atrapados. La forma de la cajita de regalo de Tiffany es una elección perfecta: para una mujer tiene un valor simbólico muy fuerte, probablemente el recuerdo de un anillo de compromiso o de matrimonio. En esta elección de estilo hay un golpe de genialidad de una sencillez que desarma: unir la forma de la torta a una emoción experimentada o que se desea experimentar. Y es aquí donde están las raíces de lo “memorable” de este evento. Aún antes de haber probado la torta, ya sabes que te ha conquistado, porque ya ha afectado tus emociones.

La torta te la traen entera, para que le tomes la foto si lo deseas o simplemente para admirarla por unos instantes. Luego, una señal es suficiente para que se la lleven y luego de algunos minutos te traen un platito con una rebanada y la torta que quedó la ponen de nuevo en el centro. Si son dos con seguridad les bastará, porque son al menos 4 porciones. Pero no tengan miedo a repetirse. Me gustó mucho la manera como la cortaron, es decir, de manera geométrica, sin caer en tentaciones curvilíneas.

En esta pureza de las formas, en este himno a la geometría hay una elegancia innata que representa a Tiffany a la perfección, su capacidad de ofrecerse de manera clara, que todos pueden percibir: un equilibrio entre colores y formas que recuerda un cuadro de Mondrian. También el gusto sencillo de la torta exalta toda la experiencia porque no existe ese exceso de azúcares de los que sufre la pastelería estadounidense (al menos desde el punto de vista de un europeo).

La llegada de la cuenta no es el momento más alegre. Pero la percepción que tuve fue la de un precio honesto. Estás en Tiffany sobre la Fifth Avenue, con vista hacia el Central Park. Estas utilizando vasos, cubiertos y platos de Tiffany y si verificas los precios de estos objetos en la sección de hogar, te das cuenta de que realmente es una experiencia de lujo.

 

Es algo único, en un lugar único que causa curiosidad y que sabes que muchos querrían estar en tu lugar. Si tomamos también en cuenta los precios de Nueva York, entonces podemos concluir que el precio es perfecto. Para terminar, la comida no era algo para recordar, pero este meterme dentro de la magia de Tiffany me hizo feliz.

El video lo encuentran aquí 



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  • LIliana FErnandez en

    Me encantan tus viajes y comentarios viaje a New York 5 veces .
    Quiero volver para tomar el té en Tifany . Con mi hijo de Facundo de 20 años .

  • Liliana en

    Queremos ir a desayunar..como reservamos??

  • Liliana en

    Queremos ir a desayunar..como reservamos??


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