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Del doctorado a Nueva York, viaje sólo de ida

A menudo me preguntan cómo nació la idea de una página de Facebook sobre Nueva York.

Es necesario dar algunos pasos hacia atrás, iniciar en 2008. Mi vida funcionaba así. Asistía al doctorado sobre cultura de los países hispanoamericanos en la Orientale de Nápoles y envidiaba también al chico que preparaba el café en la parte baja de mi casa. Para relajarme tomaba el ascensor e iba a su bar. Me concedía un par de minutos, ordenaba un espresso, observaba cada uno de sus movimientos, tratando de alargar el tiempo. Desde el inicio hasta el fin, esa tarea manual precisa y ese espresso me susurraban algo. Envidiaba esa tarea tan concreta, mientras yo estaba inmerso en un mundo inmaterial. Envidiaba ese hacer algo real, hacer algo útil, que hiciera feliz a alguien a costa de un centavo. Preparar un café y luego pensar en otra cosa, pensar en la vida, en el amor, en el futuro. Yo no. Yo no podía pensar en otra cosa. Estaba escribiendo la tesis de doctorado. Y quien lo ha hecho sabe exactamente de qué estoy hablando: es como un torbellino en el que se permanece atrapado, suspendido. Fuera de ese torbellino sucede la vida real. Pero no se te permite ir ahí. Dentro del torbellino estas sólo tú, tu tesis de doctorado, el desconcierto sobre el futuro.

El doctorado en muchos aspectos, sobre todo en las disciplinas humanísticas, es un momento depresivo y de aislamiento. Ayuda a crecer, porque se crece nutriéndose de las adversidades. No estaba proyectando un rascacielos que luego la gente vería y me aplaudiría. Estaba construyendo un edificio inmaterial, una tesis de doctorado, que probablemente no le interesaba a ninguno. No al barista, no al vecino de abajo, ni a mis padres. Y casi seguramente no me hubiera garantizado el acceso a la sociedad del bienestar, sino que estaba condenado a los márgenes, entre aquellos que deben vivir míseramente a bajo costo.

Tenía el sillón de mi casa cubierto de libros, notas, apuntes (ver foto 1). Imagínense qué es tener qué escribir un libro, crear un discurso coherente, largo y argumentado sobre un único tema preciso. No es fácil, pero es estimulante. Y mientras más penetras algo, más comprendes, no sólo sobre ese tema sino sobre todo lo que te rodea. Y esta capacidad analítica, esta posibilidad de ir en profundidad es seguramente un instrumento que he utilizado para crear la página de Facebook de Mi Viaje a Nueva York.

FOTO 1

La sensación más dura era la de que estaba escribiendo algo que no le interesaba a nadie y que no me traería nada de concreto en la vida, si no entrar en una espiral de becas de estudio, esperas, y lento empobrecimiento que es el destino ineludible (y a mí me parecía como tal) de todo humanista que espera la oportunidad de un sueldo “de estado”, un puesto fijo, el reconocimiento de su estado de “intelectual” como premio.  Si no parten desde este detalle deprimente, desde ese torbellino en el cual estaba inmerso, no comprenderán la fuerza casi desesperada que me lanzó más allá, hacia Nueva York para cambiar de vida. No comprenderán la necesidad de hacer algo nuevo, diferente, de contar la belleza de las pequeñas cosas. No importa si es un negocio, una calle, un sándwich, una rebanada de pizza. Todo eso que aparentemente es pequeño e insignificante, esconde ese pequeño y gran tesoro que es la vida. La vida. Y sobre todo, le interesa a todos, los padres, al barista, al vecino. El doctorado no es vida, es la vida suspendida. Un momento de gran crecimiento pero solitario, y nosotros somos seres sociales.

FOTO 2

Me siento feliz de haberlo terminado con mérito (ver foto 2, el libro se puede comprar aquí), de haber podido cambiar de vida, de estar en Nueva York, de hacer empresa, de hacer comunicaciones, de tener entre Italia, España y Latinoamérica más de un millón de personas que me siguen y que aprecian esa gran narración de Nueva York que intento hacer. Sé que mis colegas de doctorado consideran que este “ensuciarme las manos” ha sido un descenso al inframundo. Pero también sé que admiran el hecho de que me libré de ese destino de pobreza al que parecía destinado, y dentro del cual ellos se encuentran inmersos, a menudo desperdiciando una trayectoria de vida. Yo para hacerlo, para cambiar de vida y cambiar el túnel, tomé un avión sólo de ida para Nueva York (foto 3). Y Nueva York fue para mí la respuesta a esa única y gran pregunta. Qué hacer con mi vida. Punto.

(Quiero agradecer a Antonio Scocozza, Vito Galeota y Carmine Pinto, profesores que me acompañaron en el doctorado).

FOTO 3



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  • Mikaela en

    Muy bueno!

  • Labios Rojos en

    Eres un gran ser de luz e inspiración. Tengo 25 años y aunque con algunos logros, me encuentro preguntandome que hacer con mi vida que valga más la pena, de verdad. Espero seguir leyendote en el futuro y encontrarte un día mientras pasee en la hermosa Nueva York

  • Matías en

    Felicidades. Me entretengo mucho cada vez que publicas sobre New York. Espero volver pronto y genial compartir tu storytelling con la sociedad. Mucho éxito

  • María Marcela Feliú en

    Bellísimo relato de cómo elegiste la vida que realmente querías vivir. Para saber vivir y disfrutar pienso que no hace falta tanta erudición. Sabiduría, valentía e intuición, eso sí. Felicitaciones y gracias por compartir tu historia. Saludos desde Argentina.

  • Soledad Castillo en

    Felicitaciones Piero por encontrar el rumbo. Estoy en esa etapa de mi vida… me encantaría conocer Nueva York y lo hago a través tuyo. En breve espero encontrarte en persona.
    Un abrazo desde Buenos Aires



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