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Viaje dentro de Little Italy, vecindario devorado por Chinatown

 Texto y fotos de Luca Marfé

Facebook: Luca Marfé Photography - Twitter: @marfeluca - Instagram: @lucamarfe

El verdadero punto de partida es: ¿qué ha quedado de Little Italy? Y sobre todo, ¿qué ha quedado de los italianos, de los verdaderos? El histórico vecindario de Nueva York, de hecho, ha sido “devorado” en el tiempo por la explosión de SoHo por una parte y del dinero de los nuevos ricos de Chinatown por el otro.

Estos últimos, en particular, han adquirido numerosos restaurantes y diversas propiedades, engrandeciendo sin medida los confines de su territorio, en detrimento de la “Pequeña Italia” que ha perdido una buena cantidad de terreno. Es suficiente pararse a conversar con cualquier italiano para escuchar un poco de los problemas de las comunidades del derredor por las que se han sentido de algún modo “invadidos”.  Pero regresemos al punto de partida: ¿qué ha quedado entonces? No mucho que digamos. Poco, a decir verdad. Sin embargo, ese poco vale la pena ser vivido. El área es un cuadrado “disparejo” entre Broome, Lafayette, Bowery y Canal Street. Y es justamente en Canal Street a donde les conviene ir si llegan en metro (líneas 4, 6, J y Z). Comiencen a vagar y disfruten de los letreros escritos en italiano, el “Street art” regado un poco por todas partes (en forma de grafitis, pero no sólo de esta manera) y los jóvenes que trabajan en los restaurantes, que de una puerta a otra, de manera insistente, tratan de convencerlos para que hagan una parada en ellos. En el fondo, Little Italy es esto sobre todo. Ese calor italiano que por un instante, y sin importar que haya un océano de por medio, les regalará la ilusión de estar en Italia.

Entre mis preferidos, Gennaro. ¿Por qué? Bien, además de tener un menú variado y relativamente accesible, Gennaro es simplemente un mito. Lo encontrarán en la parte de afuera, con los brazos llenos de tatuajes y el inconfundible sombrero en la cabeza. Y sí, él será uno de los que hará todo lo posible para convencerlos de que se sienten en una mesa de su restaurante. ;)

Una de las paradas histórico-culturales que no se pueden perder es el Italian American Museum. Localizado en el 155 de Mulberry Street, que es la arteria principal de todo el vecindario. No es un verdadero y auténtico museo, pero es una cierta clase de bodega llena de reliquias, por la cual es posible sumergirse en la que fue la vida de los italianos en esta parte del mundo. Es necesario comprar la entrada ($7), pero si son amantes del pasado, en realidad vale la pena gastarlos. Es bello pensar también, que este “corazón” de Italia puede continuar existiendo, naturalmente gracias también a este tipo de donaciones.

Dos “perlas” para terminar, si bien están un poco fuera del centro del itinerario turístico más transitado. La primera es genial, una verdadera joya: se trata de la Elizabeth Street Gallery (209 Elizabeth St.), una galería a cielo abierto, un jardín encantado, en el que las personas se encuentran para hojear un libro, compartir la pasión por el yoga o cultivar pequeños trozos de terreno que están a disposición por parte de los que sostienen el proyecto. No tiene mucho qué ver con el patrimonio cultural italiano, pero está muy cerca y no pueden perdérsela. Emocionante.

El segundo lugar es el más importante, sobre todo si se consideran personas de buen gusto. Se trata del restaurante Emilio’s Ballato, al que se puede llegar a pie en pocos minutos, pues lo encuentran en el número 55 E de Hudson Street. Emilio es italiano y se siente orgulloso de serlo. Ha estado aquí toda la vida y es una verdadera leyenda del vecindario. Y no sólo entre los italianos. De hecho, es un amigo íntimo de medio Hollywood y por este local ha pasado el mundo entero. Denle una ojeada a estas fotos, una pequeñísima parte de las que están expuestas en las paredes, y comprenderán. Si hablamos de la comida, cualquier palabra sería superflua. Yo personalmente, probé la pasta, y no veo la hora de regresar a comer ahí. Se entiende que a los italianos de la “vieja escuela” no le guste mucho, pero él subraya que el suyo es “el mejor de todos los Estados Unidos.”

 

 



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