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Aventuras culinarias de una neoyorquina (segunda parte)

Por Mariagrazia De Luca

deluca.marymary@gmail.com

Si se perdieron la primera parte, está aquí

Su Urban Explorer está lista para una nueva aventura sobre dos ruedas, para descubrir experiencias culinarias únicas aquí en la Gran Manzana: restaurantes y platos excéntricos, que no se encuentran en otro lugar. Escríbannos, queridos lectores de Mi Viaje a Nueva York, para poder anotar en mi agenda, otras metas para los próximos viajes de exploración…

Ninja Restaurant 

 

Dónde: 80 Hudson St.

Entrar en el Ninja Restaurant es como encontrarse de improviso en un pueblo japonés. Cada mesa está insertada en una especie de nicho que parece una casa japonesa con puerta corrediza. Una vez sentados, olvídense pro un par de horas de estar en New York City. Los meseros son todos guerreros ninja. Visité el restaurante casi a la hora de cierre y no había muchos clientes, habían quedado sólo los ninjas que hacían de guardianes. Uno de ellos sacó un cuchillo, y con un grito de guerra me lo ha puesto sobre el brazo. A pesar del buen susto por el movimiento peligroso del ninja-mesero, al final... el cuchillo era claramente falso y todos soltamos una fuerte risa.

La comida del Ninja Restaurant no tiene nada de especial si se compara con la de otros restaurantes japoneses de New York City. Lo que lo hace único es la actuación de los meseros-ninja.

Al llevarles su comida, harán movimientos de guerreros japoneses que han visto sólo en algunas películas ninja. Katane, Shuriken (las estrellas con las puntas afiladas que lanzan con toda la fuerza contra el enemigo), puñales varios.

Los precios no son altos y los nombres de los platos son evocadores. El Mystery Box ($10), definido como edamame, el conocidísimo antipasto de la cocina japonesa, es perfecto como entrada. Si van en pareja, como main course, pueden probar el Katana ($50), bistec con salsa teriyaki, arroz frito y cangrejo real de Alaska, servido con jugo de tomate y mango, recubierto con salsa blanca y queso fundido. Como postre, parece ideal probar un Ninja Star, un mousse al chocolate con forma de estrella ninja.

Dirt Candy

Dónde: 86 Allen Street, entre Grand y Broom Street.

Dirt Candy no es sólo un restaurante vegetariano, sino una auténtica y verdadera revolución en el campo de la restauración. En primer lugar, fue el primer restaurante de Nueva York que  eliminó la propina obligatoria. En el menú mismo hay una nota en la cual se afirma con orgullo que todas las ganancias del restaurante están repartidas entre los empleados del mismo. Por lo tanto, no debemos perder tiempo en hacer las cuentas para las ‘tips’, en el momento en que pagamos la cuenta. Los precios, no muy bajos, sin embargo no han subido por esta razón.

La chef de Dirt Candy es una joven en sus veintes con muchos premios culinarios importantes (desde Gourmet Magazine hasta Village Voice), y Michelin la ha citado por cinco años consecutivos en su guía. El CookBook, la graphic novel de la cocina publicada por Dirt Candy, acaba de sacar su sexta edición.

Los Korean Fried Broccoli, con seguridad están entre los antipastos más populares, me dijo la mesera que me ayudó a desenredarme entre tantos platos ofrecidos por Dirt Candy. El Hot Dog Broccoli ($13) es un verdadero y auténtico hot dog que ha sistituído el wurstel con brócolis ahumados y a la parrilla. La Hamburguer Carrot ($13), a base de zanahorias, no les hará extrañar la Cheeseburguer clásica. Entre los postres, 100% vegetarianos, sólo está la preocupación de la escogencia: Celery Cheesecake roll, Carrot Meringue Pie, Onion Chocolate Tart, Corn Cake, Vegetable Ice Cream Salad (precios de $10 a $13).

Casa Mezcal

Dónde: 86 Orchard Street

El templo neoyorquino del Mezcal. Ocupa un edificio entero en el Lower East Side, el número 86 de Orchard Street. Gabriela, la gentil hostess al ingreso se ofreció a darnos un paseo por el restaurante que sorprende por su decoración artesanal de botellas, decoraciones y objetos mexicanos. “Casa Mezcal nace con la idea de traer a Nueva York la cultura auténtica de Oaxaca y del sur de México”. Hay que probar, sin duda, el Chapulqueso, tortillas compuestas de una mezcla de grillos, tomate y queso, acompañadas de ensalada. Como en The Black Ant (lee nuestro artículo anterior dedicado a experiencias culinarias en NYC), también en Casa Mezcal encuentran platos únicos a base de insectos mexicanos.

Casa Mezcal es también el lugar ideal para comer “mole”, esta salsa especial compuesta de más de 32 ingredientes, con su receta familiar que es mantenida en secreto. El Mole de Pollo Oaxaqueño ($23) servido sobre arroz, frijoles y tortillas, es la ocasión perfecta para probar el mole auténtico mexicano que no se encuentra fácilmente.

Frying Pan

Dónde: Pier 66, Hudson River, West 26th street.

Creo que Frying Pan es un lugar mágico, a donde se puede ir en ocasiones inolvidables. Tal vez sea por el hecho de que Frying Pan es un barco antiguo que fue recuperado del fondo del río después de estar hundido hace aproximadamente 4 años… o será por el hecho de estar en un barco-restaurante que flota sobre el río Hudson, el sonido de las olas, las gaviotas… estamos de verdad en Nueva York. Basta ver hacia Manhattan, en frente se encuentra el Empire y abajo domina la Freedom Tower. Estamos en Nueva York pero al mismo tiempo en un lugar fuera del tiempo. Mientras comen los picantes calamares fritos y se toman su Corona helada,  tendrán la sensación de que el Frying Pan está listo para zarpar… Los precios no son caros como podría pensarse. Una Corona cuesta $7 y por un plato abundante de calamares no más de $20.

Ellen’s Stardust Diner

Dónde: 1650 Broadway

Digamos la verdad, el menú de Ellen’s Stardust no tiene nada de especial. Como muchos otros diner-restaurant de Nueva York ofrece una amplia variedad de sándwich: junto al Grilled American Cheese, también hot dogs como Hot Diggity Dogs (2 hot dogs con chucrut y patatas fritas).

Lo que lo hace un lugar único en el mundo, y por lo que vale la pena visitarlo, es el hecho de que los meseros de Ellen’s Stardust no son meseros normales. Ciertamente, les servirán la comida, sonreirán y serán corteses como debe de ser en los restaurantes. Pero su gran cualidad es que son cantantes profesionales candidatos a Broadway. Seguramente ordenarán un plato después del otro sólo para no irse y continuar disfrutando de sus presentaciones. Con la excusa, pueden probar los muchos tipos de helado que ofrecen en Ellen’s Stardust Diner: Cookies and Cream Shake (Helado con galletas Oreo), o los Brownies picados en helado de vainilla. Distraídos por los cantos del personal (por lo que parece, todos cantan, desde los meseros a los bus boy, y una amiga mía me dijo que vio cantar también al cocinero…), se olvidarán de las calorías de su hamburguesa.



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