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El mejor jazz se encuentra en Harlem. ¡He aquí donde!

 

Por Mariagrazia De Luca 

deluca.marymary@gmail.com

 

Año 1920. Harlem en Swing Street, o sea el área de la calle 133, entre la séptima avenida y Lennox Avenue: estamos en el “hot spot” del jazz mundial. Si bien es cierto que el jazz nació en Nueva Orleans, es en Swing Street de Harlem donde se desarrolló. Durante la Era del Jazz, había sólo en esta calle por lo menos 20 clubs de jazz, cabarets, clubes nocturnos y bares clandestinos. Estamos durante la época del Prohibicionismo y la ciudad está llena de ‘speakeasy’, es decir bares clandestinos; bares que venden licor “por la puerta de atrás”. Literalmente, ‘speak-easy’: habla bajito… de lo contrario, ¡nos arrestan!

Con la abolición del Prohibicionismo (1933) y la primera ‘racial riot’, es decir, la revuelta racial de Harlem (1935), la Swing Street entró en una fase de decadencia. Muchos lugares cerraron, pero los persistentes han vuelto a abrir sus puertas en las últimas décadas buscando recuperar aquello que era el espíritu original del lugar.

¿Están listos para una aventura en el Harlem de los gánsteres, los ‘speakeasy’ y las leyendas del jazz de la Era del Jazz?  ¡Síganme!

 

 PARIS BLUES JAZZ CLUB

 2021 Adam Clayton Powell Jr Blvd

Samuel Hargress, el fundador del Paris Blues siempre se viste elegante, con traje completo de los años 40, chaqueta y pantalones a rayas blancas y azules, cabello al estilo de El Padrino. Aunque tiene casi 80 años, no los demuestra. Lo encuentras cada noche en el Paris Blues, uno de los clubes de jazz más antiguos de Harlem. La camarera, una mujer sobre los cincuenta, te acoge con una sonrisa y te pregunta al momento de pagar: “¿Cuántas cervezas bebiste?” Confianza total, pero se paga solo en efectivo. La máquina para el pago con tarjeta de crédito no funciona. En un ángulo hay una vieja rocola, varias fotos de Samuel Hagress, muchas en blanco y negro y colgadas en la pared, una estantería con libros, juegos de mesa, objetos que parecen venir de algún mercado de pulgas. Los músicos que pasan uno tras otro en la Jam Session, son también clientes habituales del club. Una familia grande que se encuentra en el bar del barrio con los amigos. Pero no te dejes engañar por el ambiente informal, puede suceder que el señor anónimo que se encuentra sentado junto a ti en el mostrador del bar sea una verdadera leyenda del jazz, y que en cierto momento se ponga de pie para unirse a la banda que toca en vivo a dos pasos de ti. Me sucedió a mí, un señor cincuentón sentado en el bar, vestido de manera casual, en un cierto momento al ver la señal de un saxofonista, se puso en pie y se unió a la banda. Tenía una voz profunda que entibiaba el corazón. No cover y comida gratis en el Paris Blues. Se sirve cada quien de una gran bandeja eléctrica puesta sobre una mesa en frente al bar. Todo lo que quieran de arroz, pollo y habichuelas.

 SHRINE WORLD MUSIC VENUE

 2271 Adam Clayton Powell Jr Blvd

Shrine es otro lugar de encuentro de la comunidad afroamericana y no solo para ella, desde que en el 2007 abrió sus puertas en el barrio de Harlem. El ambiente es genial, con la portada vintage y los vinilos pegados al techo y a los muros. En Shrine, definido como “The Black United Fun Plaza”, además de los conciertos, hay proyecciones de películas, espectáculos de danza, exposiciones artísticas. Los músicos llegan de toda clase de experiencias musicales: jazz, indie rock, reggae, hip hop, bossanova, afrobeat. La entrada no se paga, y la calidad de la música se mantiene casi siempre en el más alto nivel: muchos regresan todas las noches, y siempre hay quien se lanza a la pista por propia iniciativa, mientras una banda toca desde el palco de vivos colores. Pueden disfrutar de un concierto (o un partido de los Mets, transmitido en vivo en una gran pantalla), bebiendo a sorbos un mango mojito, o un Afro Trip, un coctel original de Shrine, hecho con ron jamaiquino o brasileño, jugo de limón verde y cerveza de jengibre. La comida que sirven es una mezcla de estilo africano y americano. Deben probar el Afro Chicken, pollo a la parrilla con arroz o cuscús.

 BILL’S PLACE

148 West 133rd Street

Billie Holiday debutó aquí a la edad de 17 años, en el Bill’s Place. El único “speakeasy” que quedó de los años 20, en el número 148 de la 133rd Street, justamente en la mitad de aquello que era la legendaria Swing Street. Es irónico, que aun teniendo un pasado de auténtico bar donde se vendía de manera ilegal alcohol, hoy Bill’s Place no venda ningún tipo de estas bebidas, aun legalmente. El Rey del Harlem Jazz, el saxofonista Bill Saxton, toca y conduce el Harlem All Stars. Bill Saxton pareciera que fuera el único verdadero “músico negro” nacido y criado aquí en el barrio de Harlem, pero que ha viajado por el mundo entero dedicándose a interpretar las notas mágicas de su saxo. Reservar en línea en la página de Bill’s Place para asistir al Harlem All Stars de Bill Saxton.

GINNY’S SUPPER CLUB

310 Lennox Avenue

Localizado en el sótano del famoso restaurante Red Rooster (del cual el chef es nada más y nada menos Marcus Samelsson, el cocinero que participó en la primera cena de Estado de la administración de Obama, como ‘chef invitado’, para que nos entendamos…), el Ginny’s Supper Club tiene toda la atmósfera del Harlem de los años 20. Los cocteles son creativos y la comida soul, auténtica. Pueden probar un Mac&Greens o un salmón dorado en maple y mostaza, o también un bistec a las tres pimientas. Además de los conciertos de jazz, en la programación de Ginny’s Supper Club hay también góspel, presentaciones de dj’s, comedias. Los fines de semana ofrecen el Gospel Bruch ($39.95): un buffet que incluye dulces, hamburguesas y un coro de cantantes profesionales de Gospel.

 MINTON’S

206 West 118th Street

“¡Una leyenda del jazz ha vuelto a la vida!” y muchos suspiraron con alivio por la reapertura de Mindton’s en el 2013. El club de jazz había sido fundado en el lejano 1938 por el saxofonista Henry Minton, famoso por haber contribuido a la creación del bebop, el jazz moderno, a través de la Jam Session que organizaba en el club. Miles Davis, Charlie Parker, Luis Armstrong, Dizzy Gillespie, entre muchos, eran los asistentes asiduos al Minton. Por lo que parece, los músicos podían tomar comida soul de forma gratuita, y a cambio tocaban con la “house band”, una banda que adoraba la improvisación, la utilización de progresión de cuerdas extravagantes, acordes no específicamente clásicos, melodías innovadoras y sonidos nuevos y radicales. Y así nació el bebop, este nuevo estilo de jazz: en el encuentro de grandes talentos y comida soul en Minton’s. Este club de jazz ha tenido una historia de dificultades. Cerró la primera vez después de 30 años de actividad. En el 2006 abrió de nuevo, bajo el nombre de Uptown Lounge en Minton’s Playhouse. En el 2010 volvió a cerrar, para abrir nuevamente y de manera definitiva hace dos años. Hoy, Minton’s tiene un aspecto chic, donde la antigua cultura afroamericana del Harlem de los años 20, se mezcla con una atmósfera más sofisticada y formal. Si deciden pasar una noche en el Minton’s cuiden su forma de vestir. El código de vestimenta que se pide es “dress sharp, not flat” (“vístete listo, no aburrido”). ¿Qué significa? Dejo que ustedes hagan sus interpretaciones, yo optaría por camisa y pantalones para los caballeros, y vestido elegante y casual para las damas. Para entendernos: eviten los Converse y los jeans rotos que usaron en el último concierto de rock al que fueron. Los fines de semana se pagan $25 por persona para sentarse en una mesa, y se pide el consumo mínimo de dos bebidas a quien se siente en el bar.

GIN FIZZ

308 Malcolm X Blvd

Ir más allá de la entrada del Gin Fizz es como dar un salto hacia la fabulosa atmósfera del Harlem elegante, sexy y llena de humo de la Era del Jazz: luces difusas, candeleros en las mesas, sillas recubiertas de terciopelo en el salón elegante. En el escenario alternan cantantes, músicos y aún poetas. Cada primer viernes del mes tocan los Soul Understates, una banda que mezcla diversas influencias musicales, tanto así que la han definido como la banda más “dinámica” de los tiempos de la Era Motown: una mezcla de soul, jazz, funk, góspel. A partir de los jueves, se llevan a cabo “The Harlem Sessions” con el gran pianista y compositor de fama internacional Marc Cary. Gocen de la buena música mientras disfrutan de un coctel clásico o, si quieren probar algo único, un afrodisíaco Spicy Thing (tequila reposado con jalapeño, vodka al melocotón, jugo de limón verde y romero). ¡Gin Fizz es el verdadero Harlem!

 APOLLO THEATER

253 West 125th street

¿Apollo Theater? ¿Qué más se puede agregar con respecto a este auditorio de música, epicentro de la cultura afroamericana mundial? Muchos de los más grandes artistas del planeta pasaron por aquí: Billie Holiday, James Brown, Diana Ross, The Supremes, The Jackson Five, Marvin Gaye, Stevie Wonder, Mariah Carey, Jaz-Z son solo algunos de los intérpretes del Apollo. La cantante Ella Fitzgerald debutó en el Apolo en 1934 a la edad de 17 años, y Jimi Hendrix ganó en 1964 el Concurso del Músico Amateur. Y pensar que antes de 1934 cuando el Apolo fue fundado, el edificio albergaba el New Burlesque Theater, donde se prohibía la entrada a los negros: era “un sitio sólo para blancos”. El Apollo es una institución verdadera y típica en Harlem, que organiza eventos y actividades orientada a niños, escuelas, artistas del barrio. Por ejemplo, la Semana Harlem es un evento anual que celebra la cultura afro-americana, hispana, caribeña y europea, con entradas a mitad de precio para los residentes.

El Apollo Theater es sobre todo, el sueño de muchos artistas que quieren volverse leyendas. Me sucedió un día que, mientras paseaba por el barrio me encontré con una fila larguísima de jóvenes y algunos un poco menos jóvenes. Era tan larga que no podía ver ni donde iniciaba ni donde terminaba. Una muchacha con una guitarra en la mano me dijo: “Audiciones”, y me contó que estaba en la fila desde las 5 de la mañana. Cientos de bailarines, actores, cantantes, comediantes, músicos, soñadores de cualquier tipo, estaban haciendo fila por horas y horas para una audición en el Apollo,

Le deseé buena suerte a la joven. Me respondió con una sonrisa mientras levantaba la vista hacia el gran letrero del teatro que se veía en la distancia. Grandes letras rojas en vertical. A-P-O-L-L-O.



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