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¿Por qué los neoyorquinos amamos M&M'S?

Texto y fotos: Ernesto Manuel Lopez.

ermanuellopez@gmail.com

Mis primeros meses viviendo en New York City  transcurrieron entre largas caminatas de descubrimiento. Antes de llegar a la ciudad, una amiga me dijo que trajera conmigo zapatos cómodos, pues la forma más efectiva de conocer Nueva York es caminando, y caminando mucho.

Aterrizar en la Gran Manzana y aventurarse a solas entre las infinitas calles.  Mirar hacia arriba, hacia los lados, hacia abajo, a las millones de caras que posiblemente no veas nunca más; aprender la cuadratura básica de Midtown y Uptown, para creer que lo sabes todo, y un día  bajarte del tren en Canal Street y no tener ni idea de para donde queda el Norte y para donde el Sur.

Manhattan hacia arriba, Manhattan hacia abajo, cruzando puentes y conectando ríos de Oeste a Este, aprendí con rapidez el entramado urbano de la ciudad del insomnio.

En Nueva York viven más de 8 millones de personas y se pueden escuchar hasta 170 idiomas diferentes, tienes un pedacito de mundo concentrado en cada esquina, con sus sonidos, su vestuario, su cultura entera, y por supuesto, su comida. Miles de sabores multiétnicos compitiendo a diario con las grandes cadenas norteamericanas de comida rápida.

Desde el primer día  noté que en Nueva York se consumen grandes cantidades de comida.  Me preguntaba cómo era posible que se comiera tanto, y las personas mantuvieran una forma física ágil y enérgica.

Pronto obtuve la respuesta a través de mi propio cuerpo; comencé  a notar cambios, más grácil y firme a pesar de tener poco tiempo para ejercitarme.  Tenía hambre todo el tiempo, y a pesar del almuerzo generoso o un licuado desbordado de vitaminas,  otra vez mi cerebro recibía la orden de comer. Un organismo expuesto a tanta intensidad física y mental,  quema  sus reservas a un ritmo mayor y la necesidad de reponer combustible se multiplica. En mi caso dos componentes tenían efectos inmediatos: el azúcar y el chocolate; una inyección de superpoderes.

En Nueva York, conseguir un snack barato que te ayude a recargar las energías puede ser todo un reto. Es casi imposible encontrar algo dulce y de calidad por el precio de un dólar, lo suficientemente grande como para que no se desvanezca en tu boca como agua y con un valor energético justo, que te recargue unas cuatro horas más para salvar el día con una sonrisa en los labios. Después de numerosos intentos fallidos, de romances fugaces con  galletas resecas y barritas proteicas que me revolvían el estómago, una tarde de otoño,  cuando mi presupuesto se reducía a un viaje en tren hasta Port Authority y dos dólares más, la fatiga y el sudor emitían una gran señal roja de azúcar. 

-Hola, tiene algo dulce que cueste un dólar?- pregunté al vendedor del kiosco en la inmensa estación de 14th Street.

-Yes. M&Ms, down there, we have chocolate and peanut-

En ese momento pude comprobar que la leyenda era cierta. Tanta popularidad y cariño hacia una golosina, de las más reconocidas de la cultura popular norteamericana y del mundo, están asentadas en verdaderos valores nutritivos, en una fórmula exacta de azúcar, chocolate y leche. Una delicia para el paladar; desde entonces he creado una amistad devenida en adicción.

Para mi decir azuquita es querer M&Ms, saber que por 1 dólar - en algunos lugares 1. 50-, puedo comprar esa bolsita que parece pequeña, cuyo contenido me tendrá  rumiando y contento por casi una hora. Una de mis modalidades favoritas es la versión plus de 4 dólares, esa la guardo para mis tardes de cine en el Angelika, sé que no podré comerlos todos y siempre me quedará para llevar a casa.

New York es sede de una de las cinco tiendas M&Ms World. Situada en Times Square, a la altura de la 48st y la Broadway, se ha convertido en una de las atracciones turísticas más populares de la ciudad, donde todos los niños, incluso los niños-adultos, caen fascinados ante la explosión de colores, personajes y juegos que allí encuentran. El olor a chocolate y cómicas alegorías a la ciudad, entre ellas M&Ms Statue of Liberty, la convierten en un espacio lúdico para la imaginación, pero sobre todo para el sentido del gusto.

En el 2016 M&Ms celebra su 75 Aniversario, y la marca ha lanzado una espectacular campaña de celebración, que hace aún más familiar a la icónica bolita de chocolate. Los músicos Zedd y Aloe Blacc lanzaron “Candyman”  versión del tema original aparecido en 1971 en la película Willy Wolka & The Chocolate Factory, entre otras renovaciones que incluyen el Sabor Voto donde el público puede votar para decidir la próxima edición limitada de los chocolates, y también el Embalaje Retro, que consiste en el lanzamiento de doce diseños vintage inspirados en los 75 años de la marca y su historia desde 1940 hasta los 90’s.

M&Ms World  en Times Square  es una gran fiesta de colores y aroma a chocolate, pero los caramelos están presentes en todo Nueva York. En cualquier punto de la ciudad donde me encuentre doy un salto en el Deli de la esquina, y allí están,  siempre en la base del mostrador, chocolate, maní, menta, cake. Para mí siempre serán el empujón de energía cuando mis pies anden cansados y mi cuerpo pida azuquita

 

 

 

 



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