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El fantástico mundo de Greenwich Village

Por Mariagrazia De Luca 

deluca.marymary@gmail.com

Me siento en una banca del pequeño parque Christopher Park, localizado entre 4th Street y Christopher Street. Es un día bellísimo de primavera, agradablemente caluroso, y Nueva York parece estar despertando de un largo letargo. El invierno que acaba de terminar no fue uno especialmente frío, pero ahora que las temperaturas primaverales envuelven a los neoyorquinos, estos deciden salir, las calles se llenan de gente muy variada. Podría estar aquí sentada por horas, sin aburrirme. Me encuentro en el corazón de Greenwich Village, rodeada de los locales de jazz más famosos del planeta, y me pregunto: ¿dónde estaban hace algunas semanas todas estas personas? No hay una nacionalidad que no esté representada en esta plaza y en estas pocas calles que se juntan en el downtown de Manhattan. Junto a mí, en la banca donde me encuentro sentada, hay dos estatuas de mujeres. Y de frente a ellas, dos estatuas representando a los hombres. Son las esculturas de la Gay Liberation. Esta pequeña plaza, de hecho tiene un significado profundo en la igualdad de los derechos sexuales. Respiro y pienso, ¡qué bella la primavera en Nueva York! No es que durante el invierno, la ciudad toda blanca sea menos fascinante, pero ahora sus habitantes y visitantes caminan por las calles llenas de gente, llenándolas de colores, acentos diversos, historias que en ocasiones llegan de lejos, y así es como se siente una energía increíble.

Dónde: entre Christopher Street, Grove Street y West 4 Street

¡Una inmersión en la música!

Caminando algunos metros por la 4th Street hacia el Este, se llega a Bleecker Street Records. Este es un mundo increíble para los amantes de los discos de vinil, CD, posters de estrellas de rock, botones de colección de bandas de los años 70 y 80 y de superhéroes. Literalmente me quedé con la boca abierta una vez atravesé el umbral de Bleeker Street Records. Un almacén inmenso, lleno de vinilos en los estantes y en los muros, CDs nuevos y de segunda mano. En una época donde la compra de la música online se ha tomado el contexto, parece que esta tienda fuera contracorriente. “Es un negocio valiente”, le dije al recepcionista que me dio la bienvenida. “Abrimos hace 3 años, y las cosas van bien…”. Pensé que este negocio de discos era más antiguo, porque huele a la Nueva York rebelde. Me alienta el hecho de que hay aún hoy muchos compradores de vinilos y CDs, y es divertido pararse a escuchar las conversaciones que sostienen las personas que caminan entre las estanterías de la tienda. Cada disco de vinil recuerda una historia, una anécdota. Reconozco el álbum de Black Sabbath, Master of Reality, y se me viene a la mente mi padre. Él, como muchos que vivieron los años 60, encontraría aquí muchas reliquias de su tiempo. Definitivamente, Bleecker Street Records es una inmersión en la historia de la música. Hay un póster gigante de los Ramones en la entrada y en el piso de abajo no puede faltar la icónica foto de Abbey Road.

Dónde: 188 West 4th Street

El café más antiguo (y bueno) de Manhattan!

No lejos de Christopher Park está uno de los cafés más antiguos y buenos de Manhattan. Caffè Reggio, abierto en el lejano 1927. Parece que fue uno de los primeros cafés en servir el auténtico cappuccino en todos los Estados Unidos. Seguramente la máquina de espresso es la más antigua que pueden encontrar en la Gran Manzana, se remonta a 1902. Es un local pequeño, situado entre Washington Square Park y New York City University. Una parada en el Caffè Reggio es obligatoria durante una de sus exploraciones del Greenwich Village. Ordenen un “Original Cappuccino”. Colgados de la pared encuentran antiguos cuadros de Caravaggio, y en el bar encuentran un banco que fue propiedad de la ilustre familia Medici. El café organiza “poetry nights” y para los amantes del cine podría ser interesante saber que en el 2013 aquí se grabó una escena de la película Llewin Davis.

Dónde: 119 Macdougal Street

 

La quintaescencia de la pizza de Nueva York

La pizza de Joe’s Pizza ha sido definida como la quintaescencia de la pizza de Nueva York, y una de las más auténticas experiencias culinarias que pueden tener en la Gran Manzana. Situada en el Greenwich Village, en el número 7 de Carmine Street, es una pizzería que abrió sus puertas hace casi 40 años. Esto es bastante inusual en Nueva York, de hecho parece que estadísticamente los restaurantes abren y cierran continuamente y que la duración media de su actividad puede ser cerca de un año. En cambio, el fundador de Joe’s Pizza, Joe Pozzuoli, desde hace 40 años lleva adelante su pizzería. Joe emigró de Nápoles a los Estados Unidos hace muchos años, y su pizza tiene ingredientes simples pero el sabor único napolitano. Cierra muy tarde (pueden encontrarla abierta hasta las 5:00 a.m.), ¿qué me dicen de pasar después de un concierto en uno de tantos Jazz Club para un bocadillo matutino? Será como sentirse en casa. Joe Pozzuoli tiene unos 80 años… y su pizza en este momento puede considerarse como inmortal! QG magazine la ha definido como una de las mejores 25 pizzas del planeta.

Dónde: 7 Carmine Street

 

Escuchar jazz divirtiéndose en el Fat Cat

El Fat Cat Jazz Club es con seguridad uno de mis lugares favoritos de Nueva York. Todas las noches hay música en vivo, y los músicos se encuentran ahí para tocar para ustedes mientras talvez juegan un partido de billar.  Se encuentran concentrados en poner la bola en el agujero, mientras a su lado  grandes músicos o algunos menos famosos tocan solos de saxo o de batería electrizante. La entrada cuesta sólo 3 dólares, y los juegos se pagan aparte, pero los precios están al alcance de la mano. Las bebidas son un poco costosas, pero vale la pena probar la Margarita hecha con un licor oriental, una especie de sake. Siempre se encuentra lleno de jóvenes, el clima es informal y pueden llevar bien sea a los amigos que aman el jazz como a los que prefieran otros géneros. Diversión asegurada.

Dónde: 75 Christopher Street

 

Desde mi lugar privilegiado de Christopher Park veo la ciudad en movimiento. No necesito caminar mucho sino sólo observar. Mi mente vuela de aquí para allá, los rostros de las personas me permiten fantasear, ir lejos, muy lejos…

Finalmente llegó la primavera a Nueva York!



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